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domingo, 13 de marzo de 2011

En carne viva

Carne viva entre mis brazos
retazos de piel soñada,
carne viva entre mis labios
y canciones de almohada.

Murmullos de olas y fuentes
nos mecieron sin palabras,
frente a espejos envidiosos
de cuerpos que se entrelazan.

Galope de corazones,
roces de piel erizada,
peregrinos entre sábanas
húmedas de madrugada.

Mordiscos de carne viva
soldando heridas despiertas,
enterrando mil pasiones
entre las piernas abiertas.

Carne viva sobre el lecho,
mil vergüenzas ignoradas,
adorméceme el corazón
perdedor de mil batallas.

Déjame acercarme a ti
que está la noche muy fría,
déjame, así entre tus pechos,
desbrozar la anochecida.

Sueño dormirme a tu lado,
y despertar cada día
dibujando amaneceres
sobre piel en carne viva.

(A Azucena, que lo inspiró) 

sábado, 12 de marzo de 2011

Qui?

La noche se presenta triste.
Dos copas, y tú al otro lado.
El escuálido reloj en la pared, que sólo marca seis horas.
Menos mal aquél beso conchabado,
las katiuskas y aquél río de lava
que corría bajo nosotros,
y los regantes del Palacio Real,
y Aznavour.
Y la lluvia. 

¿Qué puedo hacer?

¿Qué puedo hacer con
un candil que no me evita los tropiezos,
una Estrella Polar que sólo señala el norte,
alguien que quiero de amigo y siempre me habla de usted,
un jardín inmune a las estaciones,
el diploma marchito en la pared,
un Oriente Exprés en vía muerta,
la batuta muda de Von Karajan,
mi colección de ansiedades de color?

He de hacer limpieza en esta buhardilla,
conservar lo justo para marchar liviano,
como ese sueño que nunca invitó a dormir,
el pasaje de ida para un beso,
mi perplejidad diaria al despertar,
la memoria repleta de recuerdos,
el seguro a todo riesgo de encontrarla,...

Y las llaves, para cerrar la puerta al salir.

(2002)

Junto al Cantábrico

Frente al malecón de Puerto Chico
que inspiró la "Sotileza" de Pereda,
te cogeré estrellas de los cielos,
que ceñiré a tu pelo en diadema.

Y al romper las olas en la noche,
y al perfume de la brisa de ese mar,
mi cuerpo sobre el tuyo, enamorado,
sabrá a tu cuerpo... y a sal.

(A Azucena, que estaba allí).
(Junio 2003)

Sic

Tu pelo desbaratado
sobre la blanca almohada,
y tus labios sonrientes
de promesas entregadas,
me abren de par en par
las puertas de tus estancias. 

Azucena en Sevilla

La Giralda quiso huir
de su esclavitud de piedra,
para cambiarse en mujer,
para gozar como hembra.
_______

La vio paseando de noche,
envidiosa, la Giralda,
el Barrio de Santa Cruz
por el Callejón del Agua.

Suspiró por el perfume,
que entre sus manos llevaba,
de jazmín recién cortado
en plena Plaza de España.

Y envidió sus ojos grises
y hasta su voz castellana,
y la mano de aquél hombre
que su cuerpo entrelazaba.

"¡Ay! Quién pudiera cambiar
mi repicar de campanas
por el rumor de las fuentes
y por sus perlas de agua.

O por la pasión de un beso
próximo a la madrugada,
que me haga ver que soy reina
del corazón que me ama."

(A Azucena, que se enamoró de Sevilla)

(Diciembre 2000)

Siempre estamos diciendo adiós

Unas manos temblorosas,
un beso que las atrapa,
un abrazo de mil vueltas,
una caricia que engancha,
una lágrima en los ojos,
una despedida amarga,
un adiós enrevesado,
un cuerpo que me emborracha,
una noche de locuras,
y una sed que no se calma.

Y mil "te amaré mientras viva
aunque el sol se vuelva escarcha".

Y al amanecer despierto
solitario entre las sábanas,
y tu ausencia sin consuelo
me deja aterida el alma. 

Setecientos kilómetros de dolor

Nada más cruel que advertir su ausencia,
(auténticos mordiscos en el alma),
colgado boca a bajo de la vida,
con síndrome de miedos pegados al cielo de la garganta.

El dolor se vuelve físico
y me abrazo a mí mismo como un padre,
intentando mitigar el dolor que crucifica.

Decido unos versos que mitiguen la angustia,
pero en vano me sirven de consuelo.
Nada hay que pueda curar la tristeza de una tarde de lluvia
sin ella,
cuando sé que lejos de mí, en la distancia,
tan bella como un amanecer de soles,
pierde sus ojos grises tras el balcón,
mirando el cielo más azul que conocí jamás. 

(2002)

Qué más da perder

Perdí la medida del tiempo,
la querencia de otros placeres,
el temor a la aventura.

Renuncié a buscar otros labios,
otras mieles, otros triunfos,
otra piel de madrugada.

Olvidé todas las fórmulas,
las historias de otros tiempos,
mis señas de identidad.

Amé lo que me ofreciste,
contar el tiempo a tu lado,
hacer eternas las horas,
tejer un mundo entre dos.

Que las noches sean caricias
y tiempos de reconquista
de cuerpos extenuados
olvidando la quietud.

Y que tus ojos serenos,
siempre cerca de los míos,
me sigan dando su luz. 


(2001)